Hubo una vez que trabajé en la cocina de un
sitio odioso. Preparando unas hamburguesas, el frío filo del cuchillo cebollero
me estremeció desde un dedo que al instante comenzó a sangrarme mucho. Me
rechinaron los dientes de dolor mientras aclaraba el corte con el agua del
lavamanos. Era uno profundo y limpio, de esos de carnicero. Me miré en el
espejo aun estrangulando el pequeño músculo tajeado que no paraba de emanar y
sonreí de lado, de pronto fascinado por la malicia. El parpado derecho me
titilaba asustadizo. Volví a mi partida y sin vacilar metí la mano herida en la
masa de carne picada que estaba a mi cargo. Después de varios años, todavía los
clientes siguen preguntando si soy yo el que preparó las hamburguesas del menú
del día. Aseguran nunca haber probado unas tan jugosas, hechas con tanto amor y
dedicación como las de aquel martes 13 de 2006.
14 de enero de 2013
8 de enero de 2013
Puto/ta

Me compré un muy simpático diccionario de argot. Es muy divertido. A veces para matar el tiempo me pierdo con el dedo índice por sus páginas eligiendo aleatoriamente cualquier palabra corriente y conocer su significado (según la academia española) y sus estimados orígenes. Fue así que me topé con la palabra PUTO, TA: 1. Adj./m. y f. Miserable, despreciable, nefasto. Ej: “la navidad es una puta mierda.” “Putos comunistas.”. 2. m. y f. Persona que se prostituye. Ej. “ese que ves ahí es el/la putita/to del jefe”. 3. f. Mujer que mantiene numerosas relaciones sexuales. Ej. “la novia de mi coach es re puta”. 4. loc. Excepcional, óptimo. (ser) de puta madre. Ej. “rascarme las pelotas está de puta madre”. 5. loc. m. Homosexual activo o pasivo. Ej. “Paul Stanley parece puto”
4 de enero de 2013
De vacaciones por España
Me pasó el último verano estando de vacaciones
en las Baleares, haciendo tiempo mientras llegaba la hora de tomar el autobús
que nos llevase a mi mujer y a mí al puerto para embarcarnos en el ferry que
nos llevaría a la próxima isla. Nos habíamos levantado tarde esa mañana y habíamos
devuelto el coche de alquiler hacía un momento, así que decidimos darnos un paseo
por una de las tantas mega instalaciones vacacionales a pie de costa que tanto
proliferaron en la época infame de aquella versión española del american dream, que ahora, tan solo son
el sueño húmedo vacacional que aún entibia las sábanas de algunos penosos, arruinados
y apaleados españoles de clase trabajadora que todavía siguen creyendo en el
estado de derecho occidental moderno y en una Europa integrista, unánime y
pujante, la del sueño europeo para todos.
Fuimos por ahí porque pensamos que habría
alguna playa interesante y artificial que nos entretuviese mientras tanto,
sabiendo de antemano, que si existía una estaría a reventar de sombrillas y
tumbonas, pero igual nos aventuramos, de tripas hicimos corazón y encaramos el
tinglado. Como decía, nos dimos un buen paseo por aquella rambla marina
buscando una playa que no existe, pero de paso, no dejamos de sorprendernos al
ver toda la estúpida parafernalia que tienen montada en estos complejos, de los
cuales, ninguno de sus huéspedes foráneos parece con ánimos de querer soltarse
de sus alucinógenas fauces para ver que otra cosa, aparte de agarrarse una
cogorza padre a las 12 del mediodía, les ofrecen estos parajes de ensueño del
Mar Mediterráneo. No se aventuran siquiera a traspasar el radio de 4 o 5 calles
por su cuenta, las cuales están atiborradas de shops y bares temáticos y casas
de playa adosadas pintadas de color pastel por donde sea que la vista te
acompañe; aquello todo, montado como Legos de la nouvelle architecture mediterránea de principio de siglo XXI.
Es loco esto del turismo de paquete todo
incluido. La peña nórdica paga para que les digan constantemente lo que deben o
no deben hacer. Los llevan a todos lados como a ovejitas. Digo la peña nórdica,
porque a estas alturas del partido y con la que está cayendo acá en Sunny Spain, mucho turismo local y
gastador no hay. Más bien de baratieri visitando a los viejos al pueblo y tal
vez rematando con una semanita en un balneario a petar de marujas y guachos
llorando. Antes era distinto cuando había mucho curro y los bancos daban
crédito. Ahora no. Los que gastan ahora; los que pagan la olla, son los del norte.
Es lo que hay, es lo que quedó. Y para ellos es que está montado todo el Circo
Temático del Mediterráneo.
Caminamos un buen rato, fuimos y regresamos
completando un trayecto que me parecío ser de mas de 5 kilómetros por esta
rambla que comunicaba a todos los complejos y los hoteles. Por todos lados se
ofrecían servicios de spa, foot massage, aroma therapy, chota massage, upite
wax, low fat free tax, etc. No paramos de reírnos. No nos va todo eso ni a mi
chica ni a mí, por suerte. Así que nos despachamos de lo lindo con lo que se
nos cruzaba. Irónicamente, por supuesto, sin mucha malicia.
Es muy curioso que me pasase, pero en un
determinado momento del paseo me detuve a pensar en aquel padre de familia que
vive solo para trabajar a las órdenes de un jefe hincha pelotas que le dice lo
que tiene que hacer y como todo el tiempo. En su histérica mujer, madre de dos
hijos, que no puede lidiar mas con las secuelas de los embarazos, las psíquicas
y las físicas, ni con reducir las dosis de drogas prescriptas que se manduca
diariamente, por no hablar de los suplementos vitamínicos para bajar de peso
que traga acompañados de un Green Tea. Pensé en sus pequeños vástagos pre
adolescentes que los vuelven locos, pecosos y mortecinamente blancos por las
prolongadas encerronas frente a la pantalla del ordenador o de la tele, que
desean ser de grandes un médico como House, un madero como el Rick de los
Walking Dead, un pimp como los de GTA o un lifer como los de Jersey Shore. Por
ese lado los entiendo a los padres. Necesitan algo de paz y cordura etílica, o
simplemente echar un buen polvo como se debe sin los críos hinchando las
pelotas (entretenidos con las salidas de varias horas a los parques acuáticos que
organizan las guarderías de los hoteles) ir de compras al tax free, montarla en
el karaoke por la noche con alguna pareja amiga… Un poco de mambo, ¿sabes?
¿Y los pibes de 20? ¿Los abueletes? Hay
paquetes all included para todos los
gustos allá en las islas. Y a ellos también los entiendo. Los pibes y las pibas
quieren mojar, cagarse a trompadas y agarrarse curdas antológicas en un lugar
donde les permitan hacer lo que quieran sin que les chisten. Yo también fui tan
joven como ellos y guardo pocos y gratos recuerdos de aquella disipada etapa de
mi vida, pero con los abuelos es con quienes más empatizo quizás, al imaginarme
a mí, ya arrugado y reseco, abatido por los muchos años de explotación y
decepciones, buscando un destino mas soleado y menos húmedo donde rascarme las
atrofiadas pelotas por el resto de mis días, con un fisioterapeuta a tiro de
piedra que hable mi idioma y posea unas manos mágicas que me alivianen la
rampante artrosis. Los entiendo a todos y los respeto. Pero lo que no me cabe
en la cabezota es que sigan todo aquel juego del borrego. Algún día, posarán
sus malogrados culos en una silla y pensarán en lo que han hecho con sus vidas,
quizás, solo quizás. Y si las analizan detenidamente, minuto a minuto, recuerdo
por recuerdo, se darán cuenta de que lo único que han hecho en el transcurso de
las mismas fue seguir órdenes: las del jefe hinchapelotas, las de las revistas
femeninas de tendencias, la de los cánones de la sociedad moderna y exitista,
la de los guías turísticos que no quieren que se aparten mucho del punto de
encuentro después haberles dado 20 minutos para recorrer algunas calles y
comprar suvenires locales sin realmente haber “estado ahí”. Pero gustos son
gustos. Y para gustos, los paquetes turísticos de última hora y la manera de
vivir TU vida como te salga del forro de los huevos. Pero después que no se
quejen cuando por el orto les quepa un buque petrolero por haber vivido como
borregos sin alma.
Al grano:
Al ir regresando por las mochilas de viaje me
topé con una figura que reconocí casi al instante. Estaba sentado y doblado
sobre si mismo en una tumbona de la piscina, que ya iba atestada de hombres y
mujeres de mediana edad empapados de frozen
margaritas multicolores a medio derretir y beber a esas horas del muy
soleado mediodía, con cientos de rapaces chillando y un montón de viejos
cascados momificándose lentamente después del baño de cloro. Vaya panorama.
Llevaba la escasa melena teñida de un color negro antinatural y un poco
grasiento a la luz del sol, unas gafas de leer diminutas que mantenía amarradas
y colgándole desde el pecho por una fina cuerda de cuentas a modo de collar y
un traje de baño tipo slip, que le ajustaba las pálidas piernas al abultado
abdomen peludo. Parecía un orangután todo así doblado como un viejo
cascarrabias. Un viejo y sabio orangután cascarrabias. Leía el diario. “Parece que de cerca ve bien,
tal vez las gafas las use para ver de lejos”, pensé. Pero ese bigote… ese
inconfundible bigote casi me engaña a la primera vista. Muchos lo llevan así,
yo mismo conozco a unos cuantos. Pero ninguno de ellos, te aseguro, posee esas
únicas e inimitables verrugas en la cara. Lemmy. Lemmy Kilmister. De vacaciones
en España. Salté la valla como un caballo de competencia ante la estupefacta
mirada de mi mujer. “Ahora vengo, no te preocupés. No sabés lo que significa
esto para mí. Es Lemmy, nena. Es Lemmy” Me acerqué a él decidido, y en un
inglés tarzánico medio nervioso lo encaré.
-Lemmy… what´s up, man? My name is Cristian.
I`m a big fan of you-
-huh…?-
-¿Que hacés
aca, loco?- seguí en inglés- Sos el tipo que menos me imaginaría sentado en
esta piscina de palurdos-
-huh…?- Medio
me gruñió.
-¿Y las
nenas?-
No se veía ninguna stripper del Sunset
Boulevard pavoneándose por ahí ni botellas de JD debajo de la tumbona para que
no se calentasen al sol, ni siquiera un paquete de Marlboro rojo sobre la
mesita a su costado. Solo vi un vaso de tubo con un líquido anaranjado y medio
aguado que parecía un extracto de jugo de naranja apoyado sobre una blonda. Un
poco decepcionado seguí.
-¿Donde tenés
a las nenas? Seguro debés tener alguna esperándote en la habitación, ¿no? Vos
sí que sos un hijo de puta…-
-huh…?-
Ante su molesta indiferencia me decidí a ir a
por lo que iba: una foto y un autógrafo que dejarles como único legado a mis
pobres pero felices herederos. Saqué la libreta de bolsillo donde apunto mis
neuras y la cámara compacta de mi mujer, que todavía desde el otro lado de la
valla no asimilaba mi estupidez, frunciendo la jeta y quebrando la cadera en
una pose que automáticamente identifiqué como la de “Venga, apúrate, mamón” tan
típica de ella cuando me entretengo con alguna boludez que capte mi atención,
quedándose ella colgada a 20 metros esperando a que se me seque la baba.
-¿Me firmás un
autógrafo, capo? ¿Una
fotito?-
-No way, man. Leave me alone-
-Dale, una
foto, papi. Sos un genio. Te sigo desde que era pibe. Desde que pusieron Mtv en
el barrio. No me podés hacer esto-
-Fuck off,
mate-
-No te cuesta
nada, una firma, nada más… ¿Sabés la de veces que te fui a ver? Me buscaba
laburitos para pagarme las entradas y el viaje. Te fuí a ver cada vez que
fuiste a Buenos Aires… viajaba desde el culo del mundo para verte, papi, no me
hagas esto…-
-No, no, no-
Miró hacia una de las entradas alternativas
del recinto donde había un hijoputa grande como un ropero, calvo y vestido de
camiseta polo y bermudas blancas, que se me acercó como una mosca a la mierda
ante su reclamo, y del forro de los pantalones bermudas me hizo volar por los
aires, de vuelta al walk, cayendo a los pies de mi chica, que totalmente
convencida me espetó “¿no ves que sos un pelotudo?” en perfecto castellano
sudaca y empleando un muy logrado acento argento. Llevaba razón, en ese momento me sentí muy
pelotudo. Al incorporarme, me sacudí la ropa y le dediqué al gorila y a mi “ex”
ídolo a partir de ese momento un dedo mayor marca Bertolo que valió por todas
las veces que sufrí los contratiempos de viajar en el puto transporte público
de cuarta horas y horas solo para verle tocar en vivo dos horas. Las largas
colas, los apretones, las corridas a la salida de los conciertos porque andaban
los cerdos de la policía federal con ganas de guateque, por todo.
Volvimos a por nuestras mochilas, nos las
calzamos y tomamos aquel puto autobús que iba al puerto. Ya sentados, yo más
calmado y mi mujer mirándome como a un niño desilusionado, toda dorada por el
sol de las playas desiertas donde nos bañamos los últimos días, me sonrió por
fin. Siempre lo hace. Su sonrisa es un sedante. Me tomó de la mano, la cual
entrelacé con mis dedos firmemente para acotar:
-No me
convencés más de matar el tiempo paseando por estos lugares de guiris
chupapijas. A ver si me lo encuentro a Keith Richards…-
Fin.
Por cierto ¿conocen a los Black Thunders? Son la hostia
Salud.
Cristian
Bertolo
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